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Dentro de tres años se cumplirá el cincuentenario de la muerte de Wilhelm Reich, en la noche de Halloween de 1957. En su testamento dejaba un archivo secreto con información revolucionaria sobre algunos experimentos y sus resultados, que no debía abrirse y hacerse público hasta cincuenta años después de su fallecimiento, ya que consideraba que entonces la humanidad no estaba preparada para ello. Muchos de sus seguidores esperan impacientes estas revelaciones, posiblemente muy distintas del cariz que han adoptado sus trabajos.
Reich fue un discípulo rebelde de Sigmund Freud, conocido sólo en sectores especializados en psicología, psiquiatría y sociología, pero, a raíz de la “revolución” de mayo del 68, que marcó a la sociedad de esa época, sus ideas se difundieron entre los jóvenes, la mayoría de ellos sin conocimientos de psiquiatría y sexología, que las interpretaron erróneamente, como una invitación al libertinaje, al punto que Reich se convirtió en un gurú póstumo de esa generación. Sus libros, La Función del Orgasmo y La Revolución Sexual, publicados por vez primera en 1942 y 1945, se desempolvaron, tradujeron, reeditaron y pasaron al dominio del gran público. La Función del Orgasmo era la primera parte de El Descubrimiento del Orgón. La segunda, La Biopatía del Cáncer, solo la leyeron los muy interesados.
La obra de Reich sobre temas psicológicos es muy voluminosa, y sus dos obras Psicología de Masas del Fascismo y Análisis del Carácter, que entonces fueron una importante aportación, han pasado al olvido del público. En la actualidad, Wilhelm Reich es recordado y conocido por su orgón, y algo menos por los discutidos elementos generadores de vida que llamó “biones”. En las últimas décadas, y en lo que se refiere al orgón, sus efectos, su manipulación e hipótesis sobre su naturaleza, la información es abrumadora.
Orgón y su manipulación
Actualmente, de acuerdo a las modernas hipótesis de la física cuántica, se acepta la existencia de un éter, un océano de energía implicada u oculta en una quinta dimensión: la “Energía del Punto Cero”. El orgón sería un aspecto más materializado de esa energía. Reich lo llamó así porque suponía que se liberaba durante el orgasmo, lo que investigó en la unión sexual de parejas. Ambos llevaban pegados en la piel electrodos conectados a sensibles voltímetros registradores. Durante el orgasmo, el voltaje se disparaba, y él lo interpretaba como un efecto de otra energía muy poderosa, a la que llamó orgón. La capacidad de experimentar orgasmo la relacionaba con la carga orgónica del cuerpo y la correcta circulación, sin bloqueos, de esa energía, dependiente de su estado de salud. Estas experiencias las hizo en Noruega poco antes de la Segunda Guerra Mundial, simultáneamente con su experimentación de biones. A pesar de ser éste un país con pocos prejuicios en materia sexual, estas pruebas desataron cierto escándalo y Reich tuvo que marcharse al Reino Unido. Si tras su muerte algunos seguidores las han repetido con instrumentación mucho más sensible y precisa, no lo han divulgado.
Y es que las experiencias con orgón se pueden hacer con artefactos de sencilla construcción, por lo que se han multiplicado los experimentos con diversos inventos, que, aunque tienen como base el orgón, son tan variados que el mismo Reich se asombraría. Éstas se han polarizado en dos aspectos: acumuladores de orgón y “rompenubes”.
Acumuladores de orgón
Conocidos por el acrónimo ORAC –Orgone Acummulator–, son, en esencia, artefactos capaces de concentrar esta energía. Ante todo debemos distinguir entre dos clases de orgón: el positivo o vital y el negativo o mortífero; el primero vibrante y circulante, y el segundo quieto o estancado. Reich llamó a este último DOR –Deathly Orgone– y se manifiesta principalmente cuando el orgón vital entra en contacto con elementos radiactivos, algunos metales, y determinadas frecuencias electromagnéticas. Los artificios para manipular el orgón, acumuladores y rompenubes, son capaces de atraer a ambos, lo que requiere precauciones.
El acumulador de orgón original de Reich, ORAC, popularmente llamado orgone box, es muy simple: una especie de armario con paredes formadas por varias capas de lana de acero intercaladas de fibra de vidrio, con una chapa interior de hierro y la exterior de madera. El orgón es atraído por la lana de acero y emitido hacia el interior, donde se concentra, produciéndose un ligero aumento de la temperatura, que se mantiene, en contradicción con el “2º Principio de la Termodinámica”. También los electroscopios, en contra de lo esperado, tardan más en descargarse, y los contadores Geiger, para medir la radioactividad, también registran anomalías.
En 2001, los físicos Alexandra y Paulo Correa, que han estudiado rigurosamente estos fenómenos, publicaron que las anomalías se relacionan con la radiación solar –estando los acumuladores en el laboratorio, a la sombra–, y el máximo se produce durante el solsticio de verano, que no es precisamente el período más caluroso. Concluyen que es incorrecto hablar de orgón y que se trata de una energía eléctrica ambipolar, ya anunciada por Nikola Tesla a principios del pasado siglo. Paulo y Alexandra Correa, acaban de publicar un sistema demostrativo de “energía Libre” basado en un acumulador de orgón combinado con una caja de Faraday negra y conectado a un motor Stirling –motor de pistones que aprovecha pequeñas diferencias de temperatura, dilatando aire u otro gas–. Funciona las 24 horas y puede considerarse como una demostración de movimiento continuo.
Numerosos ensayos efectuados en estos últimos años por médicos en EEUU –el equipo de DeMeo– y en Alemania –Wilhelm Reich Institut– han demostrado indiscutiblemente que el ORAC tiene una acción fisiológica en el ser humano, un efecto general vagotónico, sensación de calor en la superficie de la piel, aumento momentáneo de la temperatura corporal hasta 1º C –sin fiebre–, disminución de la tensión arterial y del ritmo cardíaco, respiración más profunda, aumento del peristaltismo intestinal, refuerzo del sistema inmunitario, etc… En las plantas se ha observado un incremento de la germinación de semillas y mejor rendimiento de cultivos con simientes tratadas en el ORAC. Para más información, consultar el Wilhelm Reich Institut, fundado en 1987 en Waldbrunn –e-mail: WRI@fuckert.de–, que es quizás la institución reichiana mas importante en Europa.
La energía orgónica y el cáncer
Reich sentaba en el interior de un acumulador de orgón a sus pacientes de cáncer, en sesiones de media a una hora, varias veces por semana, con lo que, según él, consiguió algunas remisiones, aunque el principal efecto era prolongar la vida de los pacientes, con una mejor calidad de la misma. Las pruebas con ratones enfermos de cáncer introducidos en pequeños acumuladores mostraron una significativa prolongación de su vida, pero no una remisión del tumor. Lo que parece seguro es que puede minimizar algunos efectos secundarios de la quimioterapia –no de la radioterapia, que desencadenaría un efecto DOR, el orgón mortífero–. De todos modos, médicos alemanes expertos en medicinas alternativas, aseguran que entre todos los tratamientos naturales contra el cáncer –sin quimio ni radioterapia–, el acumulador de orgón, con sus limitaciones, es lo que mejor resultado da. Después de una inevitable extirpación quirúrgica de la masa tumoral, la estancia en un ORAC, además de acelerar el restablecimiento, podría impedir el desarrollo de metástasis ocultas. DeMeo ha tratado algunos pacientes enviados por médicos, obteniendo resultados positivos en enfermedades tan diversas como herpes genital o artrosis.
Una modificación mucho más cómoda y transportable de los acumuladores es la manta orgónica, con dos o tres capas de fina lana de acero, –tipos 000 ó 0000– separadas por tela de lana o acrílico. Puede ser pequeña, de un metro cuadrado o menos, y cubrirse con ella mientras se está acostado. Como en los ORAC, no conviene hacerlo durante más de una hora. DeMeo, en su libro The Orgone Accumulator Handbook –el manual del acumulador de orgón–, proporciona detalladas instrucciones.
Reich creía que el orgón podía neutralizar la radiactividad. Para comprobarlo, diseñó en 1951 un experimento llamado ORANUR –Orgone Againts Nuclear Radiation–, cuyo inesperado resultado fue el contrario a lo previsto. Un sólo miligramo de radio introducido en un potente acumulador orgónico generó efectos similares a la radiactividad en una distancia de más de 50 metros. Los contadores Geiger se dispararon y los asistentes sufrieron un síndrome similar a una exposición radiactiva. Se había liberado DOR, orgón mortífero. El área del “Orgonon” –el laboratorio de Reich en el Estado de Maine– quedó contaminada hasta una milla durante meses, y negras y densas nubes de DOR cubrieron la zona. Hubo que evacuar el laboratorio durante doce semanas. Para disgregar estas nubes y hacer habitable el laboratorio, ideó el cloudbuster, el cañón rompenubes, con el que consiguió eliminar el DOR.
Entre los años 1952 y 1956, en el Estado de Maine, durante una serie de operaciones con modelos más perfeccionados de ese artefacto –para acabar con sequías que afectaban a los agricultores de la zona–, consiguió copiosas lluvias en contra de las previsiones meteorológicas. Lo más espectacular fue una operación en Arizona, en donde, a finales de 1954 y después de años de sequía, consiguió incrementar la humedad y reverdecer montes áridos. El éxito puede considerarse excesivo, porque el 13 de enero de 1955 se produjeron precipitaciones torrenciales que obligaron a cerrar el aeropuerto de Tucson, algo que nunca había ocurrido, y menos en enero.
Cloudbuster o rompenubes.
James DeMeo se interesó por la obra de Reich desde niño, cuando murió de cáncer un tío muy querido. En 1979 se doctoró con la tesis “Análisis preliminar de los cambios del tiempo en Kansas coincidiendo con operaciones experimentales con un rompenubes de Reich”. La aceptación de la tesis por la Universidad de Kansas, Departamento de Geografía y Meteorología, en Lawrence, representa el primer reconocimiento académico de las teorías de Reich. Siguiendo rigurosos controles meteorológicos, DeMeo ha efectuado numerosas operaciones para atraer lluvia con éxito en diversos Estados de EEUU. En Israel, en 1991 y 1992, a petición del gobierno y de una fundación privada, sus intervenciones con cloudbuster acabaron con dos años de pertinaz sequía que habían agotado las reservas de agua. Antes, en 1990, había operado en la región este del subsahariano Sahel, y en Eritrea, logrando reverdecer tierras desérticas. Copiosas precipitaciones aumentaron tan notablemente el caudal del Nilo, que el lago Nasser llegó a su nivel más alto y, por primera vez, la presa de Assuan tuvo que desaguar por los vertederos. Una parte del líquido sobrante se escapó por un valle lateral y formó nuevos lagos, que se observan perfectamente en una foto de satélite. Otra operación se desarrolló en Namibia, en 1993, a petición del gobierno de este país, consiguiendo provocar lluvias que acabaron con extremas sequías. Además del equipo de DeMeo, había observadores científicos de EEUU, de Alemania y personal del gobierno, que fueron testigos de todo ello.
DeMeo advierte muy seriamente del peligro de operaciones descontroladas con los rompenubes y por personas sin ninguna formación en la manipulación de esas energías. Se ha comprobado que en algunos casos, por una sobrecarga orgónica, han provocado sequías y en otros tormentas con gran aparato eléctrico y víctimas mortales por rayos. Además el operador puede sufrir dramáticos colapsos: desde intensas cefaleas, hasta parálisis similares a una hemiplejia. Algunos han desarrollado tumores cancerígenos de evolución muy rápida. Reich informó que en ocasiones, en las cercanías de los rompenubes, pueden manifestarse anomalías gravitatorias y distorsión del tiempo, relojes que se adelantan o atrasan inexplicablemente.
James Constable también hace advertencias parecidas. Para evitar riesgos a los operadores, los rompenubes de DeMeo se manejan con un mando a distancia. Pero además, DeMeo está muy preocupado por la proliferación de un nuevo tipo de aparatos, que pasa de llamarse cloudbuster a chembuster, pues su objetivo es eliminar unas extrañas nubes supuestamente nocivas llamadas chemtrails.
Chemtrails, estelas malignas. ¿Realidad o fantasía?
Todos hemos visto cómo los reactores comerciales, volando a más de 30.000 pies, dejan frecuentemente unas estelas blancas. Están provocadas por la súbita congelación del vapor de agua de la atmósfera, debida a un enfriamiento adiabático del aire al chocar con el avión, y romper un estado de vapor inestable. Las estelas, llamadas contrails, se van ensanchando hasta que –a los pocos minutos– desaparecen. Sin embargo se han observado otro tipo más oscuras: los chemtrails, que se van engrosando y no desaparecen, se extienden evolucionando hacia una masa de color oscuro que impide ver el azul normal del cielo. Están provocadas por aviones que dispersan un aerosol que produce este fenómeno. El contexto de los chemtrails está teñido de connotaciones paranoides que dificultan conocer la verdad.
Una serie de fanáticos seguidores del investigador Don Croft aseguran que los chemtrails son parte de un programa para enfermar a la humanidad, que se está ensayando en algunas regiones. Según ellos, estaría dirigido por un gobierno en la sombra, del que forman parte los Illuminati y otras organizaciones –hasta alienígenas–, que utilizan a las Fuerzas Aéreas engañándolas con un supuesto buen fin, para dispersar estos nocivos polvos, en un plan genocida para reducir la población mundial. Que cada cual piense lo que quiera…
Lo cierto es que DeMeo y otros que se mantienen dentro de la “ortodoxia reichiana” aseguran que los llamados chemtrails son una errónea interpretación de las clásicas estelas que dejan los reactores comerciales, que en determinadas condiciones meteorológicas toman otros aspectos. Según DeMeo los creyentes en los maléficos chemtrails tienen una obsesión paranoica y se creen elegidos para salvar a la humanidad.
Una postura intermedia es la de William Thomas, periodista canadiense especializado en temas de salud y medio ambiente. Sus artículos y editoriales se publican en los principales periódicos y revistas de ocho países. La publicación NEXUS tiene fama de seria y filtra lo que publica, por lo que nos inclinamos a creer lo que escribe Thomas en su artículo ¿Chemtrails, covert climate control?, publicado en esta revista en el número de octubre-noviembre de 2001.
Según Thomas, los chemtrails son reales y están provocados por aerosoles emitidos por “aviones tanques” a una altura de 30.000 pies. Hay testigos con buenos conocimientos de aeronáutica, entre ellos, controladores, que han visto hasta 30 aparatos simultáneamente describiendo trayectorias en zig-zag, círculos y equis, hasta formar una malla de estelas distintas de las habituales. Los aviones eran cuatrimotores Stratotankers KC-135 de los que las fuerzas aéreas de EEUU tienen 650.
Thomas hizo una investigación exhaustiva de lo ocurrido en primavera de 1998, en la pequeña población de Ontario, Canadá, llamada Espanola –con N–, después de una intensa actividad de chemtrails, a cargo de Stratotankers de EEUU, identificados en fotografías. Canadá no tiene estos aviones. Los habitantes de Espanola y regiones colindantes empezaron con graves molestias respiratorias, ataques de asma, problemas articulares, intensa cefalea, fatiga extrema… Un síndrome similar a una gripe sin fiebre. Un habitante contó al periodista un hecho francamente sorprendente. Fue la pérdida momentánea de memoria a corto plazo, lo que en esta pequeña población dio lugar a una situación cómica, pues nadie se acordaba dónde había dejado aparcado el coche. La lluvia arrojó una gran cantidad de micropartículas de aluminio. El problema llegó hasta el Pparlamento y se pidieron explicaciones a la US Air Force, que negó todo.
Como éste, incluye varios testimonios. Según Thomas estos ejercicios de chemtrails tienen lugar en varios países de la OTAN, y no responden a un propósito perverso, aunque sí equivocado. Se trata de ensayos para formar un espejo estratosférico que refleje los rayos solares y neutralice el efecto invernadero del CO2. Se basa en una patente de un tal Welsbach, de la Hughes Aerospace Corp., titulada “Para la Reducción del Calentamiento Global”, que consiste en esparcir aluminio microscópico u otro material reflectante en la alta atmósfera, lo que refleja del 1 a 2% de la luz del Sol. Según una simulación de ordenador, sería suficiente para reducir el calentamiento en un 85% en los próximos 50 años, aunque se doblasen las emisiones de CO2. Así EEUU podría seguir siendo el máximo emisor del Planeta sin provocar un calentamiento global. Lo que no se ha tenido en cuenta son las consecuencias sobre la salud de la humanidad. Además del síndrome de Espanola, ya se conoce la relación del aluminio con el alzheimer, y estas partículas pueden arrastrar virus que se hallan en la estratosfera.
Al impedir el paso de los rayos solares, desde abajo el “espejo” se verá oscuro. Por otra parte, ya sea por el metal, aluminio, o por impedir la acción del Sol sobre el orgón de la zona, o ambas causas, hace que éste pase a DOR, el orgón mortífero, también oscuro, que sería la causa de los trastornos de rápida aparición como los de Espanola.
Algo positivo: la Joe Cell
En Australia, una utilización tangible del orgón, totalmente insospechada e increíble, es la Joe Cell –“Célula de Joe–. Se trata de un pequeño acumulador de orgón que se adosa a un motor de automóvil y lo hace funcionar únicamente por la energía orgónica que capta. Lleva una pequeña cantidad de agua que actúa como atractora del orgón y que no se consume. Fue inventado por un tal “Joe X”, que permanece en el anonimato y no quiere sacar ningún provecho de su invento. Desde que empezó a difundirse en 1990 hasta ahora, ha sido estudiada, ensayada y mejorada por otros inventores, ingenieros y físicos, que han aportado hipótesis para entender su funcionamiento, ya que se ha comprobado que realmente funciona, aunque no se sabe cómo. La conclusión final es el orgón.
Alex Schiffer, que ya adaptado con éxito este sistema a cuatro automóviles, y Ken Adachi –http://educate-yourself.org– y –www.nutech2000.com– proporcionan instrucciones detalladas para su construcción. Alex Schiffer acaba de publicar un libro, Experimenter’s guide to the Joe Cell, con las últimas innovaciones.
En Australia hay una asociación de interesados y expertos en la Joe Cell, que intercambian información y opiniones. La abundancia de datos, testigos, información, personas implicadas –sólo en Google 422 sitios web– y el tiempo transcurrido, 14 años, inclinan a creer en la autenticidad de este increíble invento.
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jueves, 27 de noviembre de 2008
sábado, 22 de noviembre de 2008
El rey Juan Carlos, Tesla, terremotos, chantajes y transgénicos (aspartamo incluido)
Atención a los tribunales porque la corrupción del rey podría terminar...
...ante el Presidente del Congreso de los Diputados, el coronel del Ejército español Amadeo Martínez Inglés acusa formalmente al rey Juan Carlos I de graves delitos
http://www.larepublica.es/spip.php?article11973
El pasado mes de abril, el coronel del Ejército español Amadeo Martínez Inglés, acusó, mediante un escrito al Presidente del Congreso, al rey Juan Carlos de una serie de irregularidades que son "presuntos y graves delitos que no deben quedar escondidos, de ninguna de las maneras, bajo la alfombra de la historia. Como los que relaciono a continuación: Un intento de golpe de Estado, (…) la puesta en actividad, en 1983, de los batallones de la muerte, (…) enriquecerse de una forma exagerada e ilegal, (…) ejercer la corrupción continuada y generalizada, (…) desviar fondos reservados del Estado, (…) un presunto asesinato (…)".

Texto completo:
"AL EXCMO SR. PRESIDENTE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS DE LAS CORTES ESPAÑOLAS
Don Amadeo Martínez Inglés, coronel del Ejército, escritor e historiador militar, se dirige a VE y a la Cámara que preside con arreglo a lo que dispone el artículo 77.1 de la Constitución española manifestándole lo siguiente:
Con fecha 23 de septiembre de 2005, y con arreglo a cuanto dispone el artículo 77.1 de la Constitución española, remití al presidente de esa Cámara en la legislatura anterior, señor Marín, un exhaustivo Informe (40 páginas) sobre los hechos acaecidos en España en la tarde/noche del 23 de febrero de 1981 (popularmente conocidos como la “intentona involucionista del 23-F”) en el que, después de una larga investigación de más de veinte años, presentaba toda una serie de indicios racionales que apuntaban a que el rey Juan Carlos I fue el máximo responsable de su planificación, coordinación, preparación y ejecución. En consecuencia le solicitaba la creación de una Comisión de Investigación, conforme a lo que establece el artículo 76.1 de la Carta Magna, que, a pesar del tiempo transcurrido y con los máximos poderes, estudiara, investigara y analizara tan deleznable episodio de la reciente historia de España y depurara las responsabilidades (políticas e históricas, preferentemente) en las que pudo incurrir el monarca español.
En enero de 2006, cuatro meses después del envío del Informe sobre el 23-F al presidente del Congreso de los Diputados y visto que éste no parecía dispuesto a acusar recibo del mismo y, mucho menos, a estudiarlo o debatirlo en la Cámara que presidía (aunque me consta que dio traslado del escrito a los diferentes grupos parlamentarios) decidí enviar el prolijo documento al presidente del Senado, señor Rojo, al del Gobierno de la nación, señor Rodríguez Zapatero, y a cada uno de los presidentes de las más altas instituciones del Estado: Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Consejo de Estado…etc, etc. Ninguna de las autoridades a las que iba dirigido el, al parecer, “políticamente incorrecto” escrito (a excepción del presidente del Senado, quien acusó recibo a través de la Comisión de Peticiones de la Cámara) contestó al mismo.
Al no obtener ninguna respuesta, tanto del presidente Marín como de los presidentes de las más altas instituciones del Estado, año y medio después, con fecha 23 de febrero de 2007, presenté en el Congreso de los Diputados el mismo Informe solicitando de nuevo la creación de una Comisión que investigara el supuesto golpe de Estado del 23-F; visto, además, lo ocurrido en esa Cámara el día 23 de febrero del año anterior, fecha en que se cumplía el vigésimo quinto aniversario de tan desgraciado evento, al rechazar de plano algunos grupos parlamentarios la nota institucional que pretendía difundir el presidente y que, como venía siendo costumbre en los últimos años, señalaba al rey Juan Carlos como supremo y único “salvador de la democracia y las libertades del pueblo español” puestas en peligro por el golpista Tejero.
Como consecuencia de todo lo anterior y consciente de que el Congreso de los Diputados, con su señor presidente al frente, y el resto de autoridades a las que había dirigido el documento nunca se iban a molestar en acusar recibo del mismo (si sus señorías no quieren debatir tan espinoso asunto que lo haga la opinión pública, primero nacional y después internacional), he decidido publicar todas mis investigaciones sobre el rey Juan Carlos en forma de libro (“Juan Carlos I, el último Borbón”. Styria. Febrero 2008), un extenso trabajo sobre la vida del monarca español en el que analizo, después de muchos años de estudio y dedicación, no sólo el ya comentado asunto del 23-F sino algunas de las numerosas y graves irregularidades políticas, militares, familiares, económicas… que ha protagonizado, primero en su juventud y después a lo largo de sus treinta y dos años de reinado. Muchas de estas irregularidades son, obviamente, presuntos y graves delitos que no deben quedar escondidos, de ninguna de las maneras, bajo la alfombra de la historia. Como los que relaciono a continuación:
1º.- Un intento de golpe de Estado, ya que a estas alturas está fuera de toda duda que, en el otoño de 1980, dio el visto bueno a sus militares cortesanos (los generales Armada y Milans) para que planificaran, organizaran, coordinaran y ejecutaran una ilegal e inconstitucional maniobra político-militar-institucional (el ya comentado 23-F), de acuerdo con determinadas fuerzas políticas del arco parlamentario, con el fin de cambiar el Gobierno legítimo de la nación española y frenar con ello un golpe militar de la extrema derecha castrense. Maniobra que después sería abandonada por él mismo y sus compinches políticos ante la estrafalaria entrada del teniente coronel Tejero en el Congreso de los Diputados, poniendo así en serio peligro de guerra civil a este país.
2º.- La puesta en actividad, en 1983, de los batallones de la muerte o grupos de terroristas de Estado denominados GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) para hacer desaparecer (matar o secuestrar) miembros de ETA, saltándose a la torera todas las normas y leyes del Estado de derecho y usando las mismas tácticas y técnicas de los separatistas vascos. Grupos de asesinos a sueldo del Estado español que, con el conocimiento y la autorización del Jefe del Estado y comandante supremo de las FAS españolas, el rey Juan Carlos, serían organizados y dirigidos por los servicios secretos militares (CESID) nutriéndose de funcionarios militares y civiles españoles y mercenarios extranjeros.
3º.- Enriquecerse de una forma exagerada e ilegal hasta convertir a su familia en una de las más grandes fortunas de Europa y el mundo, recibiendo sospechosas donaciones y créditos personales desde el exterior y realizando substanciosos negocios aprovechándose de su omnímodo poder institucional y su inviolabilidad ante la ley. Lo que ha propiciado que en treinta años su fortuna se haya elevado, según prestigiosas publicaciones extranjeras (en España el mutismo en todo lo referente a la familia real es absoluto), a la importantísima suma de 1.790 millones de euros (300.000 millones de pesetas). Cifra ésta nunca desmentida por La Zarzuela.
4º.- Ejercer la corrupción continuada y generalizada, al recibir y aceptar como rey y jefe del Estado regalos y donaciones multimillonarias de empresarios y particulares (yates, coches, petrodólares para apoyar la reconquista de Kuwait…)
5º.- Desviar fondos reservados del Estado para pagar sus aventuras galantes y los chantajes de alguna de sus numerosas amantes, como el que tuvo que hacer frente a partir del año 1994 tras su larga relación amorosa de 15 años de duración con una bella vedette del espectáculo español. Que nos ha costado a los contribuyentes españoles más de 500 millones de pesetas, pagados con los fondos reservados del CESID, Presidencia del Gobierno y Ministerio del Interior.
6.- Un presunto asesinato (el simple homicidio ya fue aceptado en su día por él mismo y su familia) cometido en sus años mozos, ya que el 29 de marzo de 1956, con 18 años de edad y siendo un distinguido cadete de la Academia General Militar de Zaragoza, con seis meses de instrucción militar intensiva en su haber y otros seis de instrucción premilitar (experto por lo tanto en el uso y manejo de toda clase de armas portátiles del Ejército español) mató, estando sólo con él y en muy extrañas circunstancias que nunca han sido aclaradas, de un tiro en la cabeza procedente de su propia arma a su hermano Alfonso, de 14 años, el preferido de su padre, don Juan de Borbón. Quien, según muchos políticos del entorno de éste, iba a ser elegido por el conde de Barcelona para sucederle en sus derechos dinásticos a la corona de España ante el proceder de Juan Carlos que ya en esas fechas manifestaba una irregular y perruna obediencia a Franco con vistas a acceder al trono saltándose a su propio padre.
En relación con este turbio asunto (que ha permanecido cincuenta años en el más absoluto de los secretos), el citado trabajo de investigación desmonta una tras otra todas las hipótesis tejidas en su día por la propia familia de Juan Carlos y el dictador Franco para hacer creer a los españoles que todo fue un desgraciado accidente. Supuesto accidente que nunca fue investigado ni por la justicia portuguesa ni por la española, civil o militar, siendo el homicida en aquellas fechas un profesional de las Fuerzas Armadas españolas.
De todos estos presuntos delitos cometidos por el rey Juan Carlos I, que recoge el ya repetidas veces comentado trabajo de investigación, se presentan abundantes indicios de culpabilidad. De la mayoría de los cuales, por otra parte, han tenido constancia en los últimos años las elites mejor informadas de este país (políticos, periodistas, líderes sociales…) pero sin atreverse a denunciarlos y, mucho menos, a perseguirlos. El historiador militar que formula el presente escrito ha decidido ahora darles publicidad en forma de libro para conocimiento de todos los españoles. Libro que, por otra parte, pasados ya dos meses desde su publicación, no ha sido desmentido en ninguno de sus extremos ni por la propia Casa Real española ni por autoridad alguna. Hasta el momento también, tanto el Congreso como los demás poderes del Estado han “callado y otorgado”.
En vista de ello, constituidas ya las nuevas Cortes Generales salidas de la voluntad popular expresada el 9 de marzo pasado y comenzado con ello una nueva legislatura, me dirijo a VE como presidente del Congreso de los Diputados para, en virtud de lo que contempla el ya citado artículo 77.1 de la Carta Magna española, exigir la creación de la ya repetidas veces solicitada Comisión parlamentaria que proceda de inmediato a estudiar e investigar las ya muy claras responsabilidades del monarca español en los hechos comentados con anterioridad y que resumo de nuevo:
1º.- La llamada durante años “intentona involucionista del 23-F” y que en realidad no fue tal sino una chapucera maniobra borbónica de altos vuelos, al margen de la Constitución y de las leyes, para cambiar el Gobierno legítimo de la nación en provecho de la Corona.
2º.- La creación y organización de los autoproclamados Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), compuestos por determinados estamentos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ejército (de los que el monarca español tuvo conocimiento antes de que empezaran a actuar a través de documentos reservados del CESID) y que cometieron, con métodos expeditivos criminales, por lo menos veintiocho asesinatos de Estado y un secuestro.
3º.- El sorprendente y rápido enriquecimiento de su familia (en treinta años ha pasado de la indigencia más absoluta a disponer de una de las mayores fortunas de Europa, según informaciones de toda solvencia que no han sido desmentidas por La Zarzuela).
4º.- La aceptación continuada de regalos y donaciones por parte de particulares (yates, coches…) que lógicamente harían los interesados persiguiendo algo a cambio.
5º.- Los pagos con fondos reservados de Presidencia del Gobierno y de los ministerios de Defensa e Interior para enfrentar el chantaje de determinada vedette del espectáculo español, que disponía de comprometedores vídeos sexuales con el rey Juan Carlos.
6º.- La desgraciada muerte del infante D. Alfonso de Borbón en “Villa Giralda” (residencia de los condes de Barcelona en Estoril) el 29 de marzo de 1956 y que al hilo de los análisis incluidos en el trabajo de referencia dejan bastante claro que el supuesto accidente pudo ser en realidad un fratricidio premeditado. Mis estudios como militar y como experto en armas dejan muy pocas dudas al respecto. Como tal hecho nunca fue investigado por la justicia (ni portuguesa ni española) exijo, como historiador y ciudadano español, que se abra un proceso clarificador sobre el mismo, exhumando si es preciso los restos del infante que reposan en el Monasterio de El Escorial e interesando del ministerio de Defensa la documentación que pueda obrar sobre aquel homicidio en los archivos de la Academia General Militar de Zaragoza, con el fin de que expertos judiciales y técnicos en balística y teoría del tiro puedan hacer sus evaluaciones y aclarar definitivamente el misterio que encierra aquél luctuoso suceso de la historia de España. Y dejando abierto el camino para que los jueces establezcan las responsabilidades penales a las que todavía debiera enfrentarse Juan Carlos de Borbón, ya que en aquella época no estaba cubierto constitucionalmente por ningún manto de inviolabilidad o irresponsabilidad y sólo era un profesional del Ejército español (cadete de la Academia General Militar de Zaragoza), sujeto por lo tanto a las leyes penales castrenses.
Responsabilidades que podrían ser de carácter penal pero, con toda seguridad, históricas y políticas pues si se demostrara la culpabilidad del actual rey de España, habría que reescribir con toda urgencia la historia de este país.
Hasta aquí, señor presidente del Congreso de los Diputados, los presuntos delitos cometidos por el actual rey de España, tanto en su ya largo reinado como en sus años juveniles de caballero cadete en la Academia General Militar. Que este modesto historiador militar y coronel del Ejército no está dispuesto a que queden ocultos entre las bambalinas de la historia y sin su correspondiente condena, sea esta penal, moral o histórica. Por ello le reitero una vez más la solicitud de que todos estos hechos sean estudiados, investigados y analizados en profundidad, y cuanto antes, por una Comisión parlamentaria (auxiliada por los correspondientes expertos), ya que sin duda debe ser ese foro parlamentario, como suprema expresión de la soberanía popular, el que promueva inicialmente las acciones pertinentes, de tipo judicial o político, que permitan aclarar tan graves e importantes cuestiones. Que afectan al país en general y, sobre todo, a su historia pues no deja de ser un auténtico sarcasmo y una burla al pueblo español que ya figure en los libros de historia de este país como máximo salvador de la democracia y de las libertades de sus ciudadanos aquél que fue el primero en ponerlas en peligro autorizando el golpe de Estado del que, según la angelical teoría oficial, nos salvó a todos.
Ante esta Comisión debería comparecer el propio rey Juan Carlos (ya se pidió su presencia ante el Tribunal Militar de Campamento en el año 1982 para que contestara a las acusaciones de golpismo vertidas en su contra por algunos acusados y testigos en el golpe del 23-F) pues una cosa es que su persona sea, a día de hoy, constitucionalmente inviolable y no sujeta a responsabilidad y otra muy distinta el que no pueda y deba comparecer ante los legítimos representantes del pueblo para dar a conocer su versión sobre unos hechos gravísimos de la reciente historia de España en los que él ejerció el papel de protagonista absoluto.
Y por último, señor presidente del Congreso de los Diputados, si tanto esa Cámara como los demás poderes del Estado optan, una vez más, por tomarse mis denuncias contra el rey Juan Carlos I a título de inventario, es decir, como si estuvieran formuladas contra el históricamente preclaro e insigne Alfonso X el Sabio en lugar de a menor gloria del, a todas luces, menos docto y ejemplar personaje que en estos momentos ocupa la Jefatura del Estado español a título de rey por deseo testicular del dictador Franco, este historiador militar (que le recuerdo, por si lo ha olvidado, fue encarcelado y separado abruptamente de su carrera por un ministro de Defensa de su partido, en 1990, por reivindicar, con conocimiento de causa, un Ejército profesional para España; aspiración que consiguió en 1996) se verá obligado moralmente a pedir amparo internacional en la instancia judicial o mediática que estime oportuna y conveniente, incluido si fuera preciso el Tribunal Penal Internacional. Porque no deja de ser un contrasentido y un esperpento jurídico que la Audiencia Nacional española, a través de su “juez estrella” Baltasar Garzón, se dedique a perseguir jefes de Estado extranjeros, presuntos genocidas, terroristas y responsables de crímenes de lesa humanidad, y no haya llamado siquiera a declarar al máximo responsable de los asesinatos de los GAL (crímenes de Estado que no prescriben ni deben contemplar en su enjuiciamiento inviolabilidad alguna): el rey Juan Carlos I. Quien recibió precisa y abundante información reservada del CESID en su momento (la famosa Acta Fundacional y otros documentos) sobre la preparación y pronta puesta en ejecución de la llamada “guerra sucia” contra ETA. Y no hizo nada por evitarla.
Y espero, señor presidente, que no tome estas mis últimas palabras como una amenaza (jamás me permitiría semejante libertad contra el máximo representante del pueblo soberano y tercera autoridad del Estado) sino como una respetuosa advertencia de un ciudadano español que ha dedicado toda su vida a la defensa de este país, que sólo ha recibido a cambio represiones y sinsabores y que, desde luego, como le enseñaron hace ya muchos años en una Academia Militar, no va a cejar en la lucha por sus ideales y convicciones.
España no puede tener ni un minuto más en la Jefatura del Estado a un hombre de pésima catadura moral, homicida confeso (que no ha pagado todavía por su delito), presunto asesino y también, en grado de presunción por el momento, golpista, malversador de fondos públicos y terrorista de Estado.
Le adjunto, señor presidente del Congreso, copia del Informe remitido en septiembre de 2005 y febrero de 2007 a su predecesor en el cargo.
Firmo el presente escrito en Alcalá de Henares a 4 de abril de 2008"
Recomiendo que veáis este video de Benjamin Fulford en el que habla de la tecnología del proyecto HAARP estadounidense para provocar terremotos, tsunamis, dirigir las lluvias(crear sequías), etc... y los compara con Al Capone pero a otro nivel claro: implicando a pueblos enteros que mueren en catástrofes "naturales" provocados con esta tecnología para chantajear a los gobiernos de los países afectados.
Para rematar el tema os pongo un video que habla un poco de Nicola Tesla y del HAARP: uno de sus mal utilizados inventos.
También es muy interesante la entrevista emitida en el 3/24 de Televisió de Catalunya que podéis ver a continuación, subtitulado al castellano (español) para los que no entiendan bien el catalán, en la que Josep Pàmies de la plataforma "Som el que sembrem" ("somos lo que sembramos"), explica increíblemente bien para los que no somos expertos en el tema, el problema de los transgénicos: ¿quién los fábrica?(grandes farmacéuticas), ¿porqué se prohibieron en Francia, Alemania o Suiza? y nos cuenta lo que están haciendo para intentar liberarnos de éstos, nuestros enemigos los transgénicos asesinos...
Aprovecho también el momento para añadir que el aspartamo, que está presente en casi todos los chicles sin azúcar (la mayoría, hoy en día) y en la sacarina, por supuesto también es transgénico y es muy malo.
...ante el Presidente del Congreso de los Diputados, el coronel del Ejército español Amadeo Martínez Inglés acusa formalmente al rey Juan Carlos I de graves delitos
http://www.larepublica.es/spip.php?article11973
El pasado mes de abril, el coronel del Ejército español Amadeo Martínez Inglés, acusó, mediante un escrito al Presidente del Congreso, al rey Juan Carlos de una serie de irregularidades que son "presuntos y graves delitos que no deben quedar escondidos, de ninguna de las maneras, bajo la alfombra de la historia. Como los que relaciono a continuación: Un intento de golpe de Estado, (…) la puesta en actividad, en 1983, de los batallones de la muerte, (…) enriquecerse de una forma exagerada e ilegal, (…) ejercer la corrupción continuada y generalizada, (…) desviar fondos reservados del Estado, (…) un presunto asesinato (…)".

Texto completo:
"AL EXCMO SR. PRESIDENTE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS DE LAS CORTES ESPAÑOLAS
Don Amadeo Martínez Inglés, coronel del Ejército, escritor e historiador militar, se dirige a VE y a la Cámara que preside con arreglo a lo que dispone el artículo 77.1 de la Constitución española manifestándole lo siguiente:
Con fecha 23 de septiembre de 2005, y con arreglo a cuanto dispone el artículo 77.1 de la Constitución española, remití al presidente de esa Cámara en la legislatura anterior, señor Marín, un exhaustivo Informe (40 páginas) sobre los hechos acaecidos en España en la tarde/noche del 23 de febrero de 1981 (popularmente conocidos como la “intentona involucionista del 23-F”) en el que, después de una larga investigación de más de veinte años, presentaba toda una serie de indicios racionales que apuntaban a que el rey Juan Carlos I fue el máximo responsable de su planificación, coordinación, preparación y ejecución. En consecuencia le solicitaba la creación de una Comisión de Investigación, conforme a lo que establece el artículo 76.1 de la Carta Magna, que, a pesar del tiempo transcurrido y con los máximos poderes, estudiara, investigara y analizara tan deleznable episodio de la reciente historia de España y depurara las responsabilidades (políticas e históricas, preferentemente) en las que pudo incurrir el monarca español.
En enero de 2006, cuatro meses después del envío del Informe sobre el 23-F al presidente del Congreso de los Diputados y visto que éste no parecía dispuesto a acusar recibo del mismo y, mucho menos, a estudiarlo o debatirlo en la Cámara que presidía (aunque me consta que dio traslado del escrito a los diferentes grupos parlamentarios) decidí enviar el prolijo documento al presidente del Senado, señor Rojo, al del Gobierno de la nación, señor Rodríguez Zapatero, y a cada uno de los presidentes de las más altas instituciones del Estado: Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Consejo de Estado…etc, etc. Ninguna de las autoridades a las que iba dirigido el, al parecer, “políticamente incorrecto” escrito (a excepción del presidente del Senado, quien acusó recibo a través de la Comisión de Peticiones de la Cámara) contestó al mismo.
Al no obtener ninguna respuesta, tanto del presidente Marín como de los presidentes de las más altas instituciones del Estado, año y medio después, con fecha 23 de febrero de 2007, presenté en el Congreso de los Diputados el mismo Informe solicitando de nuevo la creación de una Comisión que investigara el supuesto golpe de Estado del 23-F; visto, además, lo ocurrido en esa Cámara el día 23 de febrero del año anterior, fecha en que se cumplía el vigésimo quinto aniversario de tan desgraciado evento, al rechazar de plano algunos grupos parlamentarios la nota institucional que pretendía difundir el presidente y que, como venía siendo costumbre en los últimos años, señalaba al rey Juan Carlos como supremo y único “salvador de la democracia y las libertades del pueblo español” puestas en peligro por el golpista Tejero.
Como consecuencia de todo lo anterior y consciente de que el Congreso de los Diputados, con su señor presidente al frente, y el resto de autoridades a las que había dirigido el documento nunca se iban a molestar en acusar recibo del mismo (si sus señorías no quieren debatir tan espinoso asunto que lo haga la opinión pública, primero nacional y después internacional), he decidido publicar todas mis investigaciones sobre el rey Juan Carlos en forma de libro (“Juan Carlos I, el último Borbón”. Styria. Febrero 2008), un extenso trabajo sobre la vida del monarca español en el que analizo, después de muchos años de estudio y dedicación, no sólo el ya comentado asunto del 23-F sino algunas de las numerosas y graves irregularidades políticas, militares, familiares, económicas… que ha protagonizado, primero en su juventud y después a lo largo de sus treinta y dos años de reinado. Muchas de estas irregularidades son, obviamente, presuntos y graves delitos que no deben quedar escondidos, de ninguna de las maneras, bajo la alfombra de la historia. Como los que relaciono a continuación:
1º.- Un intento de golpe de Estado, ya que a estas alturas está fuera de toda duda que, en el otoño de 1980, dio el visto bueno a sus militares cortesanos (los generales Armada y Milans) para que planificaran, organizaran, coordinaran y ejecutaran una ilegal e inconstitucional maniobra político-militar-institucional (el ya comentado 23-F), de acuerdo con determinadas fuerzas políticas del arco parlamentario, con el fin de cambiar el Gobierno legítimo de la nación española y frenar con ello un golpe militar de la extrema derecha castrense. Maniobra que después sería abandonada por él mismo y sus compinches políticos ante la estrafalaria entrada del teniente coronel Tejero en el Congreso de los Diputados, poniendo así en serio peligro de guerra civil a este país.
2º.- La puesta en actividad, en 1983, de los batallones de la muerte o grupos de terroristas de Estado denominados GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) para hacer desaparecer (matar o secuestrar) miembros de ETA, saltándose a la torera todas las normas y leyes del Estado de derecho y usando las mismas tácticas y técnicas de los separatistas vascos. Grupos de asesinos a sueldo del Estado español que, con el conocimiento y la autorización del Jefe del Estado y comandante supremo de las FAS españolas, el rey Juan Carlos, serían organizados y dirigidos por los servicios secretos militares (CESID) nutriéndose de funcionarios militares y civiles españoles y mercenarios extranjeros.
3º.- Enriquecerse de una forma exagerada e ilegal hasta convertir a su familia en una de las más grandes fortunas de Europa y el mundo, recibiendo sospechosas donaciones y créditos personales desde el exterior y realizando substanciosos negocios aprovechándose de su omnímodo poder institucional y su inviolabilidad ante la ley. Lo que ha propiciado que en treinta años su fortuna se haya elevado, según prestigiosas publicaciones extranjeras (en España el mutismo en todo lo referente a la familia real es absoluto), a la importantísima suma de 1.790 millones de euros (300.000 millones de pesetas). Cifra ésta nunca desmentida por La Zarzuela.
4º.- Ejercer la corrupción continuada y generalizada, al recibir y aceptar como rey y jefe del Estado regalos y donaciones multimillonarias de empresarios y particulares (yates, coches, petrodólares para apoyar la reconquista de Kuwait…)
5º.- Desviar fondos reservados del Estado para pagar sus aventuras galantes y los chantajes de alguna de sus numerosas amantes, como el que tuvo que hacer frente a partir del año 1994 tras su larga relación amorosa de 15 años de duración con una bella vedette del espectáculo español. Que nos ha costado a los contribuyentes españoles más de 500 millones de pesetas, pagados con los fondos reservados del CESID, Presidencia del Gobierno y Ministerio del Interior.
6.- Un presunto asesinato (el simple homicidio ya fue aceptado en su día por él mismo y su familia) cometido en sus años mozos, ya que el 29 de marzo de 1956, con 18 años de edad y siendo un distinguido cadete de la Academia General Militar de Zaragoza, con seis meses de instrucción militar intensiva en su haber y otros seis de instrucción premilitar (experto por lo tanto en el uso y manejo de toda clase de armas portátiles del Ejército español) mató, estando sólo con él y en muy extrañas circunstancias que nunca han sido aclaradas, de un tiro en la cabeza procedente de su propia arma a su hermano Alfonso, de 14 años, el preferido de su padre, don Juan de Borbón. Quien, según muchos políticos del entorno de éste, iba a ser elegido por el conde de Barcelona para sucederle en sus derechos dinásticos a la corona de España ante el proceder de Juan Carlos que ya en esas fechas manifestaba una irregular y perruna obediencia a Franco con vistas a acceder al trono saltándose a su propio padre.
En relación con este turbio asunto (que ha permanecido cincuenta años en el más absoluto de los secretos), el citado trabajo de investigación desmonta una tras otra todas las hipótesis tejidas en su día por la propia familia de Juan Carlos y el dictador Franco para hacer creer a los españoles que todo fue un desgraciado accidente. Supuesto accidente que nunca fue investigado ni por la justicia portuguesa ni por la española, civil o militar, siendo el homicida en aquellas fechas un profesional de las Fuerzas Armadas españolas.
De todos estos presuntos delitos cometidos por el rey Juan Carlos I, que recoge el ya repetidas veces comentado trabajo de investigación, se presentan abundantes indicios de culpabilidad. De la mayoría de los cuales, por otra parte, han tenido constancia en los últimos años las elites mejor informadas de este país (políticos, periodistas, líderes sociales…) pero sin atreverse a denunciarlos y, mucho menos, a perseguirlos. El historiador militar que formula el presente escrito ha decidido ahora darles publicidad en forma de libro para conocimiento de todos los españoles. Libro que, por otra parte, pasados ya dos meses desde su publicación, no ha sido desmentido en ninguno de sus extremos ni por la propia Casa Real española ni por autoridad alguna. Hasta el momento también, tanto el Congreso como los demás poderes del Estado han “callado y otorgado”.
En vista de ello, constituidas ya las nuevas Cortes Generales salidas de la voluntad popular expresada el 9 de marzo pasado y comenzado con ello una nueva legislatura, me dirijo a VE como presidente del Congreso de los Diputados para, en virtud de lo que contempla el ya citado artículo 77.1 de la Carta Magna española, exigir la creación de la ya repetidas veces solicitada Comisión parlamentaria que proceda de inmediato a estudiar e investigar las ya muy claras responsabilidades del monarca español en los hechos comentados con anterioridad y que resumo de nuevo:
1º.- La llamada durante años “intentona involucionista del 23-F” y que en realidad no fue tal sino una chapucera maniobra borbónica de altos vuelos, al margen de la Constitución y de las leyes, para cambiar el Gobierno legítimo de la nación en provecho de la Corona.
2º.- La creación y organización de los autoproclamados Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), compuestos por determinados estamentos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ejército (de los que el monarca español tuvo conocimiento antes de que empezaran a actuar a través de documentos reservados del CESID) y que cometieron, con métodos expeditivos criminales, por lo menos veintiocho asesinatos de Estado y un secuestro.
3º.- El sorprendente y rápido enriquecimiento de su familia (en treinta años ha pasado de la indigencia más absoluta a disponer de una de las mayores fortunas de Europa, según informaciones de toda solvencia que no han sido desmentidas por La Zarzuela).
4º.- La aceptación continuada de regalos y donaciones por parte de particulares (yates, coches…) que lógicamente harían los interesados persiguiendo algo a cambio.
5º.- Los pagos con fondos reservados de Presidencia del Gobierno y de los ministerios de Defensa e Interior para enfrentar el chantaje de determinada vedette del espectáculo español, que disponía de comprometedores vídeos sexuales con el rey Juan Carlos.
6º.- La desgraciada muerte del infante D. Alfonso de Borbón en “Villa Giralda” (residencia de los condes de Barcelona en Estoril) el 29 de marzo de 1956 y que al hilo de los análisis incluidos en el trabajo de referencia dejan bastante claro que el supuesto accidente pudo ser en realidad un fratricidio premeditado. Mis estudios como militar y como experto en armas dejan muy pocas dudas al respecto. Como tal hecho nunca fue investigado por la justicia (ni portuguesa ni española) exijo, como historiador y ciudadano español, que se abra un proceso clarificador sobre el mismo, exhumando si es preciso los restos del infante que reposan en el Monasterio de El Escorial e interesando del ministerio de Defensa la documentación que pueda obrar sobre aquel homicidio en los archivos de la Academia General Militar de Zaragoza, con el fin de que expertos judiciales y técnicos en balística y teoría del tiro puedan hacer sus evaluaciones y aclarar definitivamente el misterio que encierra aquél luctuoso suceso de la historia de España. Y dejando abierto el camino para que los jueces establezcan las responsabilidades penales a las que todavía debiera enfrentarse Juan Carlos de Borbón, ya que en aquella época no estaba cubierto constitucionalmente por ningún manto de inviolabilidad o irresponsabilidad y sólo era un profesional del Ejército español (cadete de la Academia General Militar de Zaragoza), sujeto por lo tanto a las leyes penales castrenses.
Responsabilidades que podrían ser de carácter penal pero, con toda seguridad, históricas y políticas pues si se demostrara la culpabilidad del actual rey de España, habría que reescribir con toda urgencia la historia de este país.
Hasta aquí, señor presidente del Congreso de los Diputados, los presuntos delitos cometidos por el actual rey de España, tanto en su ya largo reinado como en sus años juveniles de caballero cadete en la Academia General Militar. Que este modesto historiador militar y coronel del Ejército no está dispuesto a que queden ocultos entre las bambalinas de la historia y sin su correspondiente condena, sea esta penal, moral o histórica. Por ello le reitero una vez más la solicitud de que todos estos hechos sean estudiados, investigados y analizados en profundidad, y cuanto antes, por una Comisión parlamentaria (auxiliada por los correspondientes expertos), ya que sin duda debe ser ese foro parlamentario, como suprema expresión de la soberanía popular, el que promueva inicialmente las acciones pertinentes, de tipo judicial o político, que permitan aclarar tan graves e importantes cuestiones. Que afectan al país en general y, sobre todo, a su historia pues no deja de ser un auténtico sarcasmo y una burla al pueblo español que ya figure en los libros de historia de este país como máximo salvador de la democracia y de las libertades de sus ciudadanos aquél que fue el primero en ponerlas en peligro autorizando el golpe de Estado del que, según la angelical teoría oficial, nos salvó a todos.
Ante esta Comisión debería comparecer el propio rey Juan Carlos (ya se pidió su presencia ante el Tribunal Militar de Campamento en el año 1982 para que contestara a las acusaciones de golpismo vertidas en su contra por algunos acusados y testigos en el golpe del 23-F) pues una cosa es que su persona sea, a día de hoy, constitucionalmente inviolable y no sujeta a responsabilidad y otra muy distinta el que no pueda y deba comparecer ante los legítimos representantes del pueblo para dar a conocer su versión sobre unos hechos gravísimos de la reciente historia de España en los que él ejerció el papel de protagonista absoluto.
Y por último, señor presidente del Congreso de los Diputados, si tanto esa Cámara como los demás poderes del Estado optan, una vez más, por tomarse mis denuncias contra el rey Juan Carlos I a título de inventario, es decir, como si estuvieran formuladas contra el históricamente preclaro e insigne Alfonso X el Sabio en lugar de a menor gloria del, a todas luces, menos docto y ejemplar personaje que en estos momentos ocupa la Jefatura del Estado español a título de rey por deseo testicular del dictador Franco, este historiador militar (que le recuerdo, por si lo ha olvidado, fue encarcelado y separado abruptamente de su carrera por un ministro de Defensa de su partido, en 1990, por reivindicar, con conocimiento de causa, un Ejército profesional para España; aspiración que consiguió en 1996) se verá obligado moralmente a pedir amparo internacional en la instancia judicial o mediática que estime oportuna y conveniente, incluido si fuera preciso el Tribunal Penal Internacional. Porque no deja de ser un contrasentido y un esperpento jurídico que la Audiencia Nacional española, a través de su “juez estrella” Baltasar Garzón, se dedique a perseguir jefes de Estado extranjeros, presuntos genocidas, terroristas y responsables de crímenes de lesa humanidad, y no haya llamado siquiera a declarar al máximo responsable de los asesinatos de los GAL (crímenes de Estado que no prescriben ni deben contemplar en su enjuiciamiento inviolabilidad alguna): el rey Juan Carlos I. Quien recibió precisa y abundante información reservada del CESID en su momento (la famosa Acta Fundacional y otros documentos) sobre la preparación y pronta puesta en ejecución de la llamada “guerra sucia” contra ETA. Y no hizo nada por evitarla.
Y espero, señor presidente, que no tome estas mis últimas palabras como una amenaza (jamás me permitiría semejante libertad contra el máximo representante del pueblo soberano y tercera autoridad del Estado) sino como una respetuosa advertencia de un ciudadano español que ha dedicado toda su vida a la defensa de este país, que sólo ha recibido a cambio represiones y sinsabores y que, desde luego, como le enseñaron hace ya muchos años en una Academia Militar, no va a cejar en la lucha por sus ideales y convicciones.
España no puede tener ni un minuto más en la Jefatura del Estado a un hombre de pésima catadura moral, homicida confeso (que no ha pagado todavía por su delito), presunto asesino y también, en grado de presunción por el momento, golpista, malversador de fondos públicos y terrorista de Estado.
Le adjunto, señor presidente del Congreso, copia del Informe remitido en septiembre de 2005 y febrero de 2007 a su predecesor en el cargo.
Firmo el presente escrito en Alcalá de Henares a 4 de abril de 2008"
Recomiendo que veáis este video de Benjamin Fulford en el que habla de la tecnología del proyecto HAARP estadounidense para provocar terremotos, tsunamis, dirigir las lluvias(crear sequías), etc... y los compara con Al Capone pero a otro nivel claro: implicando a pueblos enteros que mueren en catástrofes "naturales" provocados con esta tecnología para chantajear a los gobiernos de los países afectados.
Para rematar el tema os pongo un video que habla un poco de Nicola Tesla y del HAARP: uno de sus mal utilizados inventos.
También es muy interesante la entrevista emitida en el 3/24 de Televisió de Catalunya que podéis ver a continuación, subtitulado al castellano (español) para los que no entiendan bien el catalán, en la que Josep Pàmies de la plataforma "Som el que sembrem" ("somos lo que sembramos"), explica increíblemente bien para los que no somos expertos en el tema, el problema de los transgénicos: ¿quién los fábrica?(grandes farmacéuticas), ¿porqué se prohibieron en Francia, Alemania o Suiza? y nos cuenta lo que están haciendo para intentar liberarnos de éstos, nuestros enemigos los transgénicos asesinos...
Aprovecho también el momento para añadir que el aspartamo, que está presente en casi todos los chicles sin azúcar (la mayoría, hoy en día) y en la sacarina, por supuesto también es transgénico y es muy malo.
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